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5 min · 10/2/2026 · actualizado 11/6/2026

Empresa o autónomo en España: qué paga menos impuestos

No existe una respuesta única: depende de tu facturación, tus gastos, el riesgo del negocio y cuánto piensas reinvertir. Aquí tienes los números y los costes ocultos para decidir con cabeza.

Casi todos los expats que emprenden en España empiezan como autónomos, y es lo correcto: el alta es rápida, los costes fijos son bajos y cerrar es igual de fácil. La pregunta llega cuando el negocio crece: ¿en qué momento una sociedad limitada (SL) paga menos impuestos que tú como persona física? La respuesta corta: más tarde de lo que crees. La larga ocupa este artículo.

Autónomo: arranque simple, IRPF progresivo

Como autónomo, tu beneficio tributa en tu IRPF personal por tramos: en la escala estatal, del 19% al 47% (19, 24, 30, 37, 45 y 47, más el tramo autonómico). A eso se suma la cuota de autónomos por rendimientos reales, aproximadamente entre 200 y 590 euros al mes según tu tramo, con la tabla vigente publicada por la Seguridad Social. La mecánica completa de cuotas, modelo 130 y gastos la tienes en la guía de autónomos en España.

La clave es la progresividad. Con 40.000 euros de beneficio, tu tipo medio de IRPF es razonable y la estructura de autónomo es difícil de batir. Con 90.000 o 120.000, cada euro adicional cae en tramos del 45% o el 47% y la factura escala rápido. Si no tienes claro cómo funciona esa escalera, repasa el IRPF por tramos explicado fácil antes de seguir: es la base de toda esta comparativa.

Sociedad: el tipo fijo del Impuesto de Sociedades

Una SL tributa por el Impuesto de Sociedades a un tipo general del 25% sobre el beneficio, con un tipo reducido del 15% para entidades de nueva creación durante el primer ejercicio con beneficio y el siguiente. Frente a un tipo marginal del 45% o 47% en IRPF, ese 25% fijo parece un chollo. Pero hay trampa: ese dinero es de la sociedad, no tuyo. Está en la cuenta de la empresa y no puedes pagarte el alquiler con él sin más.

Para llevarte el dinero a tu bolsillo tienes dos vías, y ambas tributan otra vez. Si te pagas un sueldo o una nómina de administrador, ese sueldo va a tu IRPF por los tramos generales (aunque es gasto deducible para la sociedad). Si repartes dividendos, tributan en tu base del ahorro, con tipos que arrancan en el 19% y suben por tramos. La ventaja real de la SL no es "pagar el 25% en vez del 47%": es poder decidir cuánto te pagas y cuánto dejas dentro reinvertido, difiriendo la segunda capa de impuestos.

Los costes ocultos de la SL

  • Constitución: capital social mínimo, notaría y registro. Es asumible, pero no es gratis ni instantáneo.
  • Contabilidad mercantil completa: libros, cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil e Impuesto de Sociedades. La gestoría de una SL cuesta bastante más que la de un autónomo.
  • Sigues pagando cuota de autónomos: como administrador con control de la sociedad cotizas como autónomo societario, y sin acceso a la tarifa plana en las mismas condiciones que un autónomo persona física.
  • Cerrar una SL es lento y caro: disolución, liquidación y registro. Cerrar un alta de autónomo es un trámite online.
  • Las operaciones entre tú y tu sociedad (alquileres, préstamos, tu propio sueldo) deben valorarse a precio de mercado: Hacienda las mira con lupa.

El umbral: cuándo empieza a compensar

Como regla orientativa, una SL empieza a tener sentido fiscal con beneficios recurrentes claramente por encima de los 60.000 u 80.000 euros anuales, y sobre todo si reinviertes una parte importante en lugar de gastarlo todo. Si te llevas el 100% del beneficio a casa cada año, la doble capa (Sociedades primero, IRPF o ahorro después) se come buena parte de la ventaja. Haz los números a 12 y a 36 meses con escenarios realistas, no con el mejor año de tu vida: un beneficio puntual no justifica una estructura permanente.

Más allá del tipo impositivo

  • Responsabilidad: la SL limita tu responsabilidad al capital social; como autónomo respondes con tu patrimonio personal. En actividades con riesgo de reclamaciones, esto pesa más que el ahorro fiscal.
  • Clientes corporativos: algunas empresas grandes prefieren contratar a una sociedad antes que a una persona física.
  • Equipo e inversores: si vas a contratar empleados o levantar inversión, la SL no es opcional, es el vehículo estándar.
  • Régimen de impatriados: si eres administrador de tu sociedad, puedes encajar en la Ley Beckham; el detalle está en la Ley Beckham para emprendedores.

Dos casos típicos de expats

Caso 1: desarrolladora freelance en Valencia, factura 55.000 euros a dos clientes extranjeros y gasta lo que gana en vivir bien. Autónoma, sin discusión: la SL solo añadiría costes y papeleo. Caso 2: consultor en Madrid con una agencia que factura 180.000 euros, dos colaboradores fijos y planes de contratar. Aquí la SL gana en casi todos los frentes: tipo fijo sobre el beneficio reinvertido, responsabilidad limitada y una estructura que escala. Entre ambos extremos hay una zona gris donde la respuesta correcta sale de una hoja de cálculo, no de un artículo.

Empieza por estimar tu beneficio real y lo que te queda neto en cada escenario con la calculadora, y revisa la decisión cada año con tus números cerrados. Los trámites de ambas figuras pasan por la Sede de la Agencia Tributaria, y una gestoría online especializada en autónomos te resuelve la operativa mientras el negocio decide qué quiere ser de mayor.

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Fuentes y referencias

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